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miércoles, 14 de marzo de 2018

APUNTANDO




Tremendo. Lo que pasa en este país, España, es tremendo. Gente que ha votado no a presuntos, sino a manifiestos delincuentes ergo cómplices de esos delincuentes del PP, llamando delincuentes a los que han votado por una república en Catalunya. Y todo ese show mediático, esperpéntico y vomitivo, tremendo, en el que han convertido los medios de comunicación que se pasan el código deontológico por el arco del triunfo con el caso del asesinato del niño Gabriel, me retrotrae a épocas pretéritas en las que las personas que ya tenemos una edad recordaremos aquel diario, El Caso, verdadero alimento para ese morbo insano que gozaba la gente con los detalles más truculentos y escabrosos de un asesinato, un secuestro, una violación. Porque una cosa es informar y otra, muy distinta, regodearse y refocilarse con el asesinato de un niño para convertirlo en un show televisivo con horas y más horas de especiales informativos para mercadear con el dolor ajeno. Tremendo, dice mi hijo, es que yo no tenga, ni quiera, una cuenta en Twitter. Un experto en redes sociales norteamericano dijo una vez que Twitter es como un mega bar, con varios ambientes, llenos de borrachos. ¿Y quién necesita participar de semejante disparate? Hay vida más allá de Twitter, sin duda, y suele ser más sana que todo el odio, el rencor, la frustración y la mala leche que destilan muchos personajes escondidos tras perfiles falsos. Como tremendo parece que la gente se crea que la solución al PP es el Rivera y compañía. Que no os pase nada. Bueno, en realidad lo que nos pasará a todos es que seguiremos sometidos a los designios de eso que se ha venido a denominar el Régimen del 78, herencia del franquismo que moldeó este país para lavarle la cara sin que cambiara sustancialmente nada: seguimos bajo el poder de los mismos de antes que, de la mano del Rivera, nos llevaran al neoliberalismo más salvaje: privatizarlo todo, desde la sanidad a las pensiones, pasando por todo cuanto se pueda vender a los amigotes de turno y que es patrimonio de todos los españoles, por no hablar de las “magnificas y ventajosas” condiciones de trabajo que ese Rivera les tiene reservadas a las clases trabajadoras. Os vais a enterar de lo que vale un peine sin púas, porque os ponen delante una cara bonita que diga cuatro cosas que estáis deseando escuchar, y como la autocritica no es que sea precisamente deporte nacional, le votáis para pasar a padecerlo posteriormente. En los últimos 10 años, justamente desde el estallido de ese robo del siglo al que han llamado crisis, ¿cuántos derechos habéis perdido como trabajadores, como usuarios del sistema sanitario, como pensionistas, autónomos, discapacitados, alumnos, como ciudadanos con pleno derecho a su libertad de expresión? Pero habéis premiado a los más corruptos del lugar volviéndolos a votar así que ¿de qué os quejáis? Os han metido en vena que los enemigos de la patria eran los de Podemos antes y los catalanes ahora; y os habéis tragado el cuento con patatas. Tremendo, sí, el trabajo del llamado cuarto poder que os han estado inculcando a quien debéis odiar, quien es el enemigo para distraer las miradas de los que están podridos hasta el tuétano. ¿Pujol? Pujol también, claro que sí; con el añadido que, de lo de Pujol, estuvieron en todo momento al corriente tanto González como Aznar y no hicieron absolutamente nada al respecto, porque en su día el CNI le paso nota a González de una cuenta que Jordi Pujol tenía en Andorra, información “de estado” podríamos decir, que descansó en un cajón y que heredó Aznar manteniéndola oculta hasta que llegó el cisma entre Rajoy y Artur Mas y el molusco pontevedrés la sacó del cajón, no ya solamente por eso de la independencia, sino porque y sobre todo así distraía de sí mismo la atención sobre la corrupción sistémica del PP, desde su fundación tras la disolución de Alianza Popular. Tremendo porque ¿quién va a dejarse arrebatar semejante gallina con semejantes huevos de oro? Ya nos dio una pista, definitiva, Rubalcaba cuando afirmo que el estado pagaría el precio que tuviera que pagar porque Catalunya no se independizara. Se refería, obviamente, no a que a los independentistas les ingresarían en sus cuentas del banco 100 mil euros por cabeza para que se callaran. Se refería a que se pasarían las leyes por el arco del triunfo y todo el cuento ese del estado de derecho que tanto os gusta creeros que disfrutáis. Lo que sea, con tal de salvar la unidad de la patria. Pero en democracia no todo vale; y si aquí no tienen muy claro los fascistas que no todo vale, para eso están los tribunales internacionales que, como ocurrió ayer mismo, condenan a España por violar la libertad de expresión de un par de chavales independentistas que quemaron una foto del rey emérito y su cornúpeta esposa. La sentencia del TDHE (Tribunal de Derechos Humanos de Europa) no es que diga que los chicos pueden quemar los retratos de quienes se les antoje, sino que y basándose en nuestra propia legislación al respecto, la corona no es un colectivo contemplado en la ley y protegido por esta como colectivo susceptible de sufrir esos delitos de odio, sino que como jefe del estado está sujeto a poder ser criticado y a que la gente muestre su desacuerdo, siempre que no implique violencia hacia las personas sujetas a critica. Y este es el recorrido que tendrán todas las posibles condenas por las denuncias que se siguen contra quienes están acusados de delitos de odio contra la policía, Guardia Civil, etc. que no son colectivos protegidos por la ley en ese sentido.
                                                                                 

Igual de tremenda parece la badomía de quienes se creen que insultando, vulnerando sus derechos legítimos y poniendo palos a las ruedas de los independentistas, estos se van a españolear de la noche a la mañana y aquí no ha pasado nada. Cuanto antes os enteréis de que tenéis en Catalunya a más de dos millones de personas que no van a dar un paso atrás en su reivindicación de una república, mejor. Porque lo que no va a ocurrir es que cejen en su empeño ni, como parece obvio, les vais a convencer de las magnificencias de ser español a través de la fuerza. No deberíais salir a la calle a gritar contra los catalanes; lo que deberíais hacer es salir a la calle a gritar contra vuestro gobierno que han llevado a los catalanes a esta situación, porque estos se han pasado unos cuantos años advirtiendo y avisando cada 11-S y el gobierno se lo ha tomado a chirigota. Claro que, para entender el trasfondo de este caso, deberíamos remontarnos a la época de Aznar, cuando alguien debió soplarle al oído al milhombres ese que el PP en Catalunya no se come históricamente ni un “torrao”, por lo que parecía evidente que el PP sin Catalunya podía gobernar España; no así como el PSOE, que históricamente había tenido en Catalunya uno de sus bastiones electorales por lo que, si conseguían atomizar al PSC y dividirlo desde el interior, el PP se garantizaba años y más años de gobierno y esplendor. ¿Y cómo conseguir que el PSC se hiciera añicos él solito?: atacando al Estatut provocando lo que ellos esperaban como un auge controlado del movimiento independentista, que obligaría al PSC a posicionarse. Y Pere Navarro, entonces secretario general del PSC, les hizo la tarea con sus purgas echando del partido al sector catalanista y conservando al españolista, sectores que habían sobrevivido unidos en armonía en la base del respeto mutuo porque eso es lo que les hacia fuertes. En esa línea, Rajoy cogió el testigo de Aznar y se puso junto a Soraya a recoger firmas contra el Estatut, para posteriormente recurrirlo al TC, donde sus amigos del tribunal tumbarían buena parte del articulado del Estatut, algunos de esos artículos por cierto contemplados, copia literal, en otros estatus autonómicos como el andaluz y el valenciano que, sin embargo, jamás fueron recurridos. ¿Y os creéis que los catalanes son tan tontos que no se iban a dar cuenta de esos ataques y de esos agravios y de que pasarían de todo? ¿Qué nos daría igual? Se les ha ido de las manos por la respuesta popular traducida en más de dos millones que estamos hasta el gorro de tanto facherío y tanta podredumbre, propia y ajena, y queremos un cambio de modelo para construir una república desde y para el pueblo. No exagero si digo que hace como unos 30 años leí a un sociólogo estadounidense afirmar que el verdadero peligro independentista en España no era el vasco sino el catalán, porque el día que estos se levantaran y se pusieran en marcha, no iban a volverse atrás en su reivindicación de independencia y el estado español difícilmente iba a poder contenerlo y reconducirlo, acostumbrado como estaba el estado español a imponer la razón de la fuerza antes que la fuerza de la razón. ¿Sabéis de alguna propuesta de Moncloa para camelar a los independentistas? No. Ni la habrá porque nunca lo han pretendido.

Que os vaya bonito

A más ver 

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