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martes, 18 de julio de 2017

LA CULPA FUE DEL CHACHACHÁ



Afortunadamente, y como bien sabemos todos, gracias a que tenemos como presidente del gobierno a todo un registrador de la propiedad, lo que nos garantiza un nivel intelectual en la Moncloa al alcance de solo unos privilegiados, ríete tú de jueces, cirujanos y físicos nucleares, gracias, como decía, a ese dechado de clarividencia que responde al nombre de ¿y la europea?, tenemos perfectamente detectado el problema principal de este país, al que hay que combatir por tierra, mar y aire y con todos los medios al alcance. Sucintamente, el problema se puede resumir en una serie de nombres propios que menoscaban nuestra libertad, nuestra nación española como la conocemos desde la época de los australopitecus tremebundos y que son, a saber: Catalanes, Podemos y últimamente ya también el PSOE, que ha dejado de ser un partido sensato para ser una pandilla de locas desatadas en manos de podemitas irredentos.

Vamos a ver: cuando ese tipo, ese okupa de Moncloa, dice cosas, no le importa a quien insulta, solo le importan los 4 que van a coger el mensaje y lo van a enmarcar en la cabecera de su cama como un nuevo evangelio. Es estúpido que compare las relaciones que tiene él con los nacionalistas vascos y los catalanes. Para empezar, no estamos en Catalunya en igualdad de condiciones que los vascos, el PP no ha recurrido al constitucional el cupo vasco y sí el Estatut catalán, la Chuky Soraya no se puso a recoger firmas en contra del estatuto vasco y sí que lo hizo contra el catalán, y por mucho que digan para los 4 que se lo crean, que es que los catalanes se han radicalizado y si no respetan la ley…¿qué vas a hacer, si le presentas a tu interlocutor 46 temas para la negociación y no recibes respuesta a ninguno de ellos? es muy fácil salir por la caja tonta diciendo que los catalanes esto y los catalanes lo otro; pero el hecho irrefutable es que de Moncloa solo sale en dirección a Catalunya el no y no y no, o tribunal, tribunal y tribunal, o pruebas falsas de policías políticos, o acusaciones de nazis, bolivarianos al día siguiente, insultos y menosprecio va y menosprecio viene. No hay nada, absolutamente nada constructivo desde el minuto cero que haya salido de Moncloa en dirección Catalunya. Nada. Antes al contrario, el conquistador haciendo gala de su espíritu respetuoso para con los pueblos de España y sus culturas, ha hecho gala de querer “españolizar” a los catalanes; cuando uno piensa que a los españoles les iría mejor si se catalanizaran un poquito, precisamente.

La derecha de este país, junto a los católicos, militares y monárquicos, va a enfrentarse con todas sus armas a cualquiera que se atreva a pretender cambiar la configuración del estado como país indivisible regido por una monarquía parlamentaria. Fueron ellos los que se alzaron en armas contra la república, dieron un golpe de estado y ganaron una guerra civil; claro que de eso hace mucho tiempo y las circunstancias sociales y culturales eran bien distintas y hoy día es algo inimaginable en un país de la Europa comunitaria; a pesar de que a muchos de ellos les gusta, les encanta, se refocilan como un cerdo revolcándose en una piara para proclamar a los cuatro vientos que viene el coco, el hombre del saco del siglo XXI con coletas, y que va a instaurar aquí las cuatro gilipolleces que se les ocurra a los iluminados de turno, como eso del régimen bolivariano y demás sandeces, dichas con la pretensión de atemorizar y demonizar al enemigo. Y no lo hacen mal. Y los bisoños, encima colaboran con sus torpezas propias de bisoños. Ahora y de cara al espectáculo y la galería, se ha creado una mesa de negociación con pretensiones de ser permanente, que siempre que se dice eso de permanente uno sospecha que hay dudas de que lo sea, entre PSOE y U-Podemos en el congreso. Veremos. El aparente buen rollito que existe ahora entre los antaño enemigos izquierdosos, será constructivo en la medida en que eso se traduzca en hechos concretos, de palabras, por bonitas que sean, no se vive, hay que legislar para la ciudadanía, no contra ella como hace la derecha, y en esa tesitura el enemigo es uno de los enemigos más poderosos que existen en este país: la costumbre.

Hay una costumbre muy arraigada en este país de obediencia y fe ciega en la derecha, hay una costumbre en este país de enfrentarse a los cambios por sistema, hay una costumbre al miedo como lo hay a la oración, al escapulario y a todas esas cosas que a muchos nos suenan a arcaicas, vetustas; como hay una costumbre al discurso de la mentira, de la tergiversación, de habernos equivocado, todos, interpretando unas palabras de un político que resulta ser siempre una pobre victima incomprendida. Hay muchas costumbres poco sanas, como la de oír pero no escuchar, de plantarnos en un discurso, no movernos un ápice de nuestras posturas y llamar al tiempo radical al interlocutor. En esto la derecha tiene el puto Cum Laude. Por definición, aquellos que suspiran por una mayoría absoluta, suelen ser gente con poca o nula vocación y espíritu democrático, porque su pretensión primera y última, es arrasar, como hemos dicho tantas veces: derrotar antes que convencer. En un país de extremos como este, implementar un sistema parlamentario que obligue a las fuerzas políticas al pacto, debido a la imposibilidad de que alguna obtenga mayoría absoluta, para los idealistas de la democracia y el romanticismo político, es muy bonito; pero en este país eso significa una lucha fratricida a muerte entre aquellos que no se adaptan a los cambios. Lo vemos incluso ahora que, con la complacencia de C´S y la permisividad de un PSOE preso de sus propias circunstancias, el PP gobierna en minoría pero sigue haciéndolo a golpe de decreto ley, sin consensuar las políticas y las leyes con nadie, que es exactamente lo mismo que hizo Rajoy con su mayoría absoluta. Que U-Podemos tenga prisa es natural; como lo es que el PSOE no la tenga porque tiene a su líder fuera de la cámara y espera unas elecciones para presentarlo a candidato. Lamentablemente, el hambre, el paro, las dificultades, la miseria no espera ni sabe de calendarios. A diferencia del 36, esta sociedad está demasiado abotargada, nadie tampoco se va a poner a quemar iglesias ni van a haber ajustes de cuentas cruentos, como no se van a abrir las prisiones para que salgan los presos políticos; esta es otra clase de guerra: guerra de despachos, guerra política, guerra por la recuperación de la dignidad del país, pisoteada de forma inmisericorde por los tiburones financieros, guerra contra los corruptos que saquean el erario público, guerra contra la mentira, la represión, la censura y el esclavismo laboral, contra los que atentan y nos arrebatan el estado del bienestar público por sus mayores beneficios privados. No parece, por ejemplo en el sector energético, que la privatización haya resultado una bicoca para la ciudadanía, una ciudadanía en ese sentido secuestrada por los intereses crematísticos privados de quienes, por demás, dan unas muestras repudiables y mezquinas de desatención a las personas que padecen la llamada pobreza energética, o los marginados energéticos, como se prefiera.

Afortunadamente y gracias, como decía al principio, a ese estadista sin parangón en la historia de la humanidad que disfrutamos por seguir preservando el brazo incorrupto de santa Teresa, de san Francisco Javier y de san Vicente Mártir, tres brazos por el precio de uno y ninguno encima es de gitano relleno de nata, gracias a ese megalomaníaco del dialogo y el consenso, de la mesura y la responsabilidad de estado, sabemos que, la culpa de todo, de todo, todo y todo, es en primer lugar de podemitas y catalanes y, en segundo lugar, a mucha, mucha distancia es, como todo el mundo es capaz de deducir por sí mismo sin haber estudiado ciencias políticas en la universidad, del chachachá.  


A más ver 

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