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martes, 25 de julio de 2017

QUE HAY DE LO SUYO





Es cierto que la vida nos atropella por momentos, que vamos acelerados, nos ponemos como motos y vamos pasando de asunto en asunto como quien pasa las rallas discontinuas de la carretera a lomos de su moto. Qué mareo. Últimamente no sé si es que es cosa mía, pero no hago más que escuchar disparate tras disparate de nuestra clase política, así en general; que no es que sea una anécdota ni una modernez; pero que sí que afecta a cada día un número mayor de aplicados tuercebotas. Veo bastante alterados a algunos de la derecha que, por lo visto, esto de la democracia les viene de nuevas y deberían pasar por un cursillo intensivo que les dejara bien a las claras que, democracia, no es que tengan que gobernar ellos solitos porque si gobierna la izquierda se acaba el mundo. Hacer las cosas como es debido no es intimidar a la gente con campañas disparatadas, llenas de falsedades y mensajes catastrofistas y apocalípticos. Eso suele ser típico de quien no tiene nada que ofrecer, tan solo el mantenimiento del status quo que tanto les beneficia. Como será la cosa, a día de hoy, que hasta el diario Le Monde se cachondeaba de Rajoy y de que los problemas de España tuvieran su procedencia en Venezuela. El histerismo de esta derecha casposa se ha hecho viral y, tal y como apuntaba hace unos días, ya se nos reconoce por ahí como el país que entregó su soberanía a Bruselas, que tiene los dineros en Suiza, las empresas en Panamá y los problemas todos le vienen de Venezuela. A los pocos días, Le Monde corroboró lo de que Maduro es el "demoño" y Podemos unos diablillos cabreados rompetodo para España, para mayor gozo y recochineo del francés medio.

Pero hoy no quería reflexionar sobre esto sino sobre otro asunto bien distinto: el nuevo Cid Campeador español que ha renacido cual ave Fénix para ilusión de tantos. Es en su génesis la historia perfecta de una especie de apuesto y gallardo príncipe del siglo XXI que, después de luchar contra sus enemigos internos, Torquemadas y Maquiavelos   varios, ser encerrado en una torre, escapar de ella y reconquistar el trono, se dispone a aglutinar a sus fuerzas y darle la batalla final al enemigo externo, que tiene a las huestes del bello príncipe acorraladas.   ¿Lograra el apolíneo príncipe socialista aglutinar en un solo ejercito a todos los rebeldes y vencer a los malvados? Lo averiguaremos…después de la publicidad.

Recapitulemos porque uno tiene la sensación de que se ha dejado algo en esta historia. Pedro fue Pedro gracias a Felipe, que jugaba a preparar a su propia delfina, Susana y, mientras tanto, ese chico que había jugado al básquet, podían ponerlo de cabeza visible para que la cagara con Rajoy y, una vez quemado políticamente, presentar a la Susana como la imagen rescatadora del socialismo y de la responsabilidad de estado ante los movimientos secesionistas de los catalanes, haciendo así una triple pinza PP-PSOE-C´S que haría imposible cualquier reforma constitucional que diera alas a los independentistas. Esa podía haber sido la idea que perseguía Felipe, el ex hermoso, y sus acólitos. Y no sé si es una cuestión de alguna especie de justicia poética, pero el caso es que tal y como le sucedió a Ansar con Rajoy, a Felipe el tal Pedro le salió rana. Y no una rana del montón; sino una rana con voz propia. Que los intereses del electorado socialista y los intereses de los cuadros dirigentes del partido no seguían siempre la misma senda, a cada día que pasaba era más evidente. La derechización socialista era un secreto a voces, a gritos, diría incluso, y que como consecuencia trajo la debacle electoral consiguiente de los socialistas. Esa debacle no fue por obra y gracia de Pedro, sino que fue Rubalcaba quien perdió más de 3 millones de votos en una sola mano del póker político. Todos los votos perdidos posteriormente hay que achacarlo a dos factores: la irrupción en el teatro político de Podemos y la obstinación felipista en su política continuista del régimen. El siguiente y más grave error de los felipistas, fue aquella noche de los cuchillos largos en Ferraz y aquel vomitivo golpe de estado en el partido, que propició la defenestración de Pedro, elegido por la militancia socialista. Aquello era toda una afrenta a esa militancia. ¿La última? Está por ver. Pero a esta última, los propios militantes le dijeron basta en unas primarias y una elección cuasi idílicas en su transparencia y ejercicio de plena democracia. Recordemos que Pedro se presentaba por libre, con todo el aparato del partido trabajando para el sector oficial felipista, con el Patxi haciendo un poco el papel de mosca cojonera que distraía a los dos contendientes principales, habiéndose enfrentado Pedro abiertamente a la banda del ex Isidoro y denunciando públicamente a grupos poderosos empresariales, financieros y periodísticos a los que iba a plantar cara porque no jugaban limpio a esto de la democracia. Contra viento y marea pues, contra el mundo y con su puñado de votos, sin más aval que su palabra de declarado “antisistema” (al menos antisistema socialista de partido), ganó y el populacho le aplaudió con fervor vitoreando el nombre del nuevo príncipe rescatador. Qué bonito. Una historia perfecta para narrarla como un cuento contemporáneo a nuestros “ñiños y ñiñas”. Ahora solo falta que se convoquen elecciones, Pedro se presente candidato, y… a partir de aquí se abren las apuestas.

Algunos, románticos y no tan románticos de la izquierda, como otros románticos y no tan románticos de la derecha, es probable que esperen un giro hacia la izquierda más radical del que el mismo Pedro está dispuesto a asumir por lo que, en ese sentido, seguramente defraude a unos y otros. Es un hecho, que no es porque yo lo haya defendido aquí en más de una ocasión, sino porque es una realidad histórica que no admite mucha discusión, que Europa a avanzado en el siglo pasado sobre todo por la confluencia política de la socialdemocracia con la derecha. Esto ha hecho posible grandes pactos de estado en otros sitios, más notablemente en los países nórdicos sobre todo, que les ha procurado un nivel de vida, unos servicios públicos, unos salarios y una calidad democrática que envidiamos en muchos aspectos. Dato al margen, la iglesia ni católica ni ninguna otra, tiene cabida en la gobernanza de ninguno de esos países. El mérito, en gran medida, hay que atribuírselo a la derecha. Sí. Unos pusieron la idea de país, los otros contribuyeron a crearlo facilitando unas condiciones laborales que, lejos de no hacerlos competitivos ha comportado unos mayores índices de compromiso y productividad por parte del trabajador que se siente bien valorado, salarios revalorizados que, a su vez, permiten una mayor recaudación fiscal que, por otro lado, garantiza los servicios públicos de la calidad que ya quisiéramos por aquí. Ahora bien: todo eso tuvo su momento y su circunstancia histórica. ¿Es posible extrapolar ese modelo de entendimiento, de concordia y compromiso recíproco en aras del bien común, a esta España del año 2.017 con nuestra izquierda y nuestra derecha? Yo creo que, más allá de algún que otro tema puntual, como hemos visto recientemente en el tema de la violencia de género, que sí,  que hay que darle la bienvenida al entendimiento de todas las fuerzas políticas, pero las medidas y lo presupuestado se me antoja algo cortito porque la cobertura de ayuda y asistencia personalizada a las victimas tiene sus carencias, como  así mismo el tema de los hijos; más allá decía de estos acuerdos puntuales y que son una excepcionalidad, no creo que lleguemos. Deberíamos dejar de ser latinos, dejar de ser como somos y reconvertirnos cultural y humanamente; deberíamos dejar de pensar en clave facha y clave rojo del demonio. No lo veo. Nos va demasiado la marcha y llevamos tantos siglos guerreando entre nosotros, como para que ahora, de la noche a la mañana, todo sean besos y abrazos y vamos a llevarnos bien y vamos a levantar esto entre todos y... ¿En España? No sé si ponerme a reír o ponerme a llorar.

Por lo tanto ¿qué podemos esperar de Pedro, realmente? Imaginemos un escenario posible: Pedro se presenta a candidato, obtiene X resultado y pactando con U-Podemos y alguna que otra fuerza más, consigue poder presentar una alternativa de gobierno. Así que se presenta en el congreso, expone su programa y lo somete a votación en la cámara. ¿Qué votarían los del PP? ¿Qué votaría C´S para no entrar en flagrante contradicción en su cruzada anti Podemos-Venezuela? ¿Se plegarían estas dos formaciones políticas a un programa renovador de tal magnitud, que llevaría implícita una política económica diferente a la impuesta desde Bruselas, el FMI y los famosos mercados; o la misma reforma constitucional, de qué calado sería, cuantas concesiones haría esta derecha nuestra, la de aquí, la que conocemos de toda la vida?

Ni en cientos de siglos…eso es lo que yo creo que pensaría esta derecha nuestra. Por consiguiente y tal y como me enseñaron de pequeño, habría que aplicar la del 13/14: al amigo todo, al enemigo ni agua y al indiferente, la legislación vigente.

A más ver



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