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miércoles, 11 de octubre de 2017

DISCURSOS





Inmediatamente después del discurso de réplica de Puigdemont al borbón, ya interpretamos desde aquí lo que ayer nos confirmó en su comparecencia en el Parlament: que declararía la república pero estableciendo un margen de tiempo entre la declaración y su implementación, para el dialogo. Esto, una vez pasada de la teoría a la realidad, ha provocado todo tipo de reacciones y, evidentemente, una respuesta de la CUP que puede hace tambalear; y algo más que tambalear si no se calma al personal, al Govern de la Generalitat. La CUP le da a Puigdemont hasta el simbólico próximo 9-N; pero le advierte que si en ese periodo y como quiera que fuese que ha declarado la independencia (suspendida pero declarada y rubricada al fin en un documento más o menos oficial u oficioso), pretende recobrar la actividad parlamentaria con normalidad, la CUP no va a participar de esa actividad parlamentaria “normal”. También ha provocado algo que por lo visto no ha acabado de gustar mucho a nuestros amigos de 13 TV, que ayer calificaban de puro chantaje el pasarle la patata caliente a Rajoy y obligarle a mover ficha, con lo poco que le gusta al hombre el movimiento; sobre todo el suyo propio. Debe uno suponer, por suponer algo, que las noches de intimidad en la alcoba del susodicho, lo que se dice una fiesta…no lo veo. Cosas mías. Un lapsus.

 Open minded, friends… más que nunca. No íbamos bien queriendo empezar la casa por el tejado. Si quieres romper no ya tan solo con tu modelo de estado, sino secesionarte de un país y constituirte en un país independiente, debes tener una serie imprescindible de requisitos mínimos: apoyo internacional, control físico de tu territorio que ofrezca seguridad a tus ciudadanos; y las instituciones y organismos públicos propios de un estado: tu banco nacional, Hacienda, moneda, sistema de pensiones, servicios públicos, etc En la misma tarde de ayer, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, le pidió personalmente a Puigdemont que frenara un poquito. Os copio el mensaje literal: “Me dirijo a usted no sólo como presidente del Consejo Europeo, sino como alguien que cree firmemente en la divisa de la Unión Europea, “unidos en la diversidad”, como miembro de una minoría étnica (Tusk es casubo, pequeña minoría eslava del norte de Polonia, descendiente de los pomeranios), como regionalista, y como un hombre que sabe lo que se siente al ser golpeado con una porra. Le he pedido al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, que busque una solución al problema sin recurrir a la fuerza, porque la fuerza de los argumentos es mejor que el argumento de la fuerza. Hoy, señor Puigdemont, le pido que respete el orden constitucional y no anuncie una decisión que haga ese diálogo imposible. La diversidad no debería conllevar conflictos cuyas consecuencias serían obviamente muy malas para Catalunya, España y toda Europa”.

Como refuerzo a esa petición Puigdemont recibió una llamada muy importante del exterior momentos antes de su comparecencia, retrasada por PP, C´S y PSC con un ardid procedimental vaya usted a saber con qué fin, llamada de quien se ha guardado un escrupuloso silencio pero que apunta hacia Berlín (¿ese era el fin del retraso?), que por lo visto no cayó en saco roto deshaciendo como un azucarillo las ansias de los más radicales. Escribo esto cuando Rajoy y los suyos están reunidos en un consejo de ministros extraordinario en el que, supuestamente, se va a estudiar la aplicación, que en todo caso sería gradual y selectiva, del 155. Los del bando españolista, obviamente, también tienen sus radicales, con más no, muchísimo más peso específico que puedan tener los de la CUP que son una camiseta de moda, y para muestra ahí tenéis al Opus metido hasta el tuétano de las instituciones españolas, y que pueden presionar a Rajoy en la dirección equivocada. Exigían un gesto de Puigdemont; tras la comparecencia de este ayer en el Parlament, ahí tienen a los de la CUP cabreados y a la mayoría de gente desconcertada. Lo he dicho muchas veces: la política tiene componentes muy pronunciados de teatralidad, de escenificación, de postureo, que se dice ahora. Como paso previo a la aplicación del dichoso 155, debe haber una notificación formal al President Puigdemont, que a su vez debe responderle a Moncloa y, en función de la respuesta de la Generalitat, se vería cómo y de qué manera se lleva a su aplicación. Todo este procedimiento puede y va a durar días, una semana, posiblemente. Dicha implementación del art. 155 está así mismo limitada en el tiempo, fiscalizada por el congreso a quien se debe dar cuenta de las medidas adoptadas al minuto, y que bien podrían acabar derivando en una convocatoria de elecciones en Catalunya. En mi opinión, elecciones que solo servirían para ver envestido President de la Generalitat a Oriol Junqueras, demorar el asunto y poner al frente del gobierno catalán a un, esta vez sí, independentista convencido representante de un partido, esta vez sí, eminentemente independentista y republicano como es Esquerra Republicana. Ese y no otro iba a ser el éxito de quienes piden elecciones en Catalunya. Prieta las filas de la derecha española, ¿qué pasa con Pedro y su PSOE?: que tiene otro cisma en puertas. Si no tuviera bastante con la Susana, Iceta le ha dicho que no al 155: el PSC no quiere ni independencia ni el 155, le dijo ayer Iceta a Puigdemont. La incógnita ahora mismo es saber cuál era la postura oficial del PSOE en la noche de ayer, cuando Pedro Sánchez fue requerido en Moncloa para preparar la estrategia a seguir entre los constitucionalistas. Le toca, pues mover ficha a Rajoy.

Y Begoña, mi querida Begoña, me preguntaba que qué iba a hacer ella, catalana y española envuelta en todo este maremágnum y perjudicada como se ve en su comercio. No lo sé. Ojalá tuviera respuestas para todo, pero a veces no encuentro respuestas ni para mismo y a mí también me envuelve la incerteza. De hecho nunca me había sentido tan expuesto en mi trabajo y no me temo ni poco ni bueno. Pero todo esto transciende evidentemente más allá de mis problemas personales, de los de mí querida amiga y de todos y cada uno de nosotros a título individual: transciende a nivel colectivo y tiene también mucho que ver con el legado que vamos a dejarle a nuestros hijos. Ya lo sé: no es un consuelo para quien lo que tiene que hacer es mirar de llevar pan a su mesa y que incluso se puede pensar que vamos a dejarle un legado de mierda. Pero por muy adversa que sea la situación, yo creo en la gente. Creo en Catalunya y sus gentes y formo parte de sus gentes. No me voy a ir a ningún sitio. Ni ahora ni mañana ni pasado mañana; respetando y comprendiendo a quien crea que deba hacerlo, evidentemente. Prefiero equivocarme haciendo algo, a que mi hijo me reproche mañana, cuando ya no esté yo aquí para defenderme, que no hicimos nada. Que vimos todo lo que vimos, supimos todo lo que supimos, sufrimos todo lo que sufrimos…y no hicimos nada. Yo no soy de esa condición. Me he preciado siempre de tener conciencia social, eso que esta tan en desuso, de defender a los más indefensos, dar la cara y decir lo que pienso, con todos mis errores; intentando mantener una mínima coherencia. Excepción hecha de las payasadas, sin las que uno no está completo y que me desintoxican a mi modo, claro. Intento ser siempre todo lo cristalino que mis circunstancias me permiten, más o menos como todo el mundo. Me han insultado, me han censurado, me han bloqueado múltiples veces. Incluso ha afectado todo esto a mi mujer y a la relación que tiene con algunos de su familia. Pero no me quiero morir con la sensación de que mi hijo pueda llegar a pensar que fui un pusilánime más. No voy a enseñarle eso a mi hijo. Quiero enseñarle a que se rebele ante las injusticias, a que tenga su propio criterio de las cosas, a que sea valiente y mantenga sus ideas con firmeza, sin perder la dignidad. Eso no se hace dándole la impresión de ser un padre apocado, resignado, aplastado en el sofá, impertérrito, sin alma ni sangre. Prefiero equivocarme, sinceramente. Y soy consciente de las dificultades, y las asumo como asumiré su afectación en mi vida privada, si se produce.

Y como estamos a escasos minutos de que comparezca Rajoy en TV para responder a Puigdemont, por hoy lo dejamos aquí.

A más ver     

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